El médico de Michael Jackson


En los eventos faranduleros también se pueden encontrar, como perlas negras, ciertas situaciones profundas como los baches de mi muy mal casada ciudad.  Por ejemplo, en el juicio que se le sigue por homicidio involuntario a Conrad Murray el médico de Michael Jackson, encontramos un ejemplo escalofriante de lo peligroso y letal  que resulta ser un inconmensurable chiflado y al mismo tiempo estar rodeado de imbéciles que te aplauden sin condición.

El contrato entre el paciente y el doctor tenía algunas cifras, las suficientes como para que Hipócrates se convierta en Chucky Seven  y la medicina se vaya al cuerno. Esa relación humana entre paciente y médico hoy es un mercado de porquerías donde Murray cuenta con detalles lo hecho mierda que estaba el rey del pop en todos los aspectos posibles. Para colmo, la defensa legal de Murray sostuvo en su declaración de apertura en el juicio algo que básicamente resume (sin eximir de culpa) lo bestia que se portó el médico: el cantante era un adicto desesperado que no podía sostenerse sin sus fármacos favoritos, y yo le daba gusto en sus adicciones para que pudiera dormir y proporcionarle calidad de vida. Algo así, más o menos.  Hasta en el Ecuador este matasanos podría irse preso.

¿Qué se oculta en la reflexión y al mismo tiempo disculpa del doctor?  Pues que si tenemos un desequilibrado que nos paga mucha plata, aunque el pendejo se termine muriendo ahogado en las babas de su monomanía, le vamos a dar gusto en todo pese a el daño provocado a propios y extraños. El mensaje es que  a  todo lo que rebuzne o pida  le diremos que si, con aplauso incluido, felicitación, palmadita en la espalda y reverencia.  

En ésta historia, que es un cóctel de debilidad, traumas, hambres atrasadas, dólares y fama (y donde el interminable talento del hoy fallecido no tuvo ni voz, ni voto) se esconde el hecho de que el sueldito vale más que cualquier posibilidad de contradecir a quien le hemos dado la categoría de amo. Que la profesión, el conocimiento por el cual algunos reciben invitaciones para cuidar, asesorar, apoyar a alguien, o mejorar su desempeño, realmente son respetados o tolerados siempre y cuando el SI esté presente como respuesta ante todos los caprichos del contratante. 

La adolescencia tiene algo de chifladura, esa edad del burro que en no pocos casos jamás culmina, es una etapa de demencia en la que el NO es tomado como una afrenta y todo aquel amigote que acolita en las más grandes salvajadas es el mejor amigo que uno pudiera tener. Por eso los taitas nos convertimos en los malos de las películas, los taitas que al menos hacemos el esfuerzo de ser responsables, digo. 

Y en esto de los padres, pobre el rey del pop que tuvo uno vivo, pero ineficiente y hasta abusador. Su mamá era una viejita que lloraba, y sus ñaños unos pelotudos apegados como rémoras que tampoco ayudaron en algo y hoy acuden al juzgado cuando debieron acudir al rescate del perdido cantante. Qué solitario se puede estar en la cumbre, la plena.  El resultado de tener ñaños interesados, padres ausentes, asesores vendidos y neuronas en constante corto circuito viajó en una ambulancia directamente a la sala de autopsias. Pobre rey.

Hasta ahí el asunto es ligeramente sombrío, luego se pone irónico y mejora por lo mismo, cuando descubrimos algo mucho más chévere y que el inmediato futuro destapa con fuegos artificiales y mayor despliegue: Que el amo nos importa un ápice, nunca nos importó,  pues lo conocíamos y por ello no lo respetamos, y lo conocíamos tanto que le tenemos un asco y un odio perfectamente camuflados bajo el uniforme. Nos sentíamos y sentimos mejores que él al punto de matarlo sin mayor prolijidad y cuando tengamos que defendernos por sus actos y los nuestros, sin mucha pena y con apuro contaremos al mundo de sus miserias, de sus gritos, de su falsedad, de su ignorancia, de su locura.

El médico de Michael Jackson El médico de Michael Jackson Reviewed by S O S on 11:46 Rating: 5

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