viernes, 25 de noviembre de 2016

Carta a un saqueador


Casi todos los seres humanos tenemos algo en común: la adoración a los hijos y los nietos. Sin distinguir si son capitalistas, comunistas, negros, amarillos, mujeres, hombres, listos o tarados, honestos o ladrones, el amor a los que nos siguen abajo en el árbol genealógico es real. Y poderoso y amoral.
Un antisocial sin capacidad de remordimiento por sus actos, de todas formas tiene un alto grado de posibilidad de sufrir por la vida de sus descendientes. Criminales como Rafael Leonidas Trujillo han sido muy conocidos, también, por amar sin límites a sus vástagos.
Y tú, que has saqueado y aprovechado ilegítimamente  tu situación en lo público o en lo privado para embadurnarte de millones que jamás hubieras juntado jugando limpio sabes de lo que hablo. Amas a tus crías. Aunque es muy probable que jamás pagues tus culpas conforme el derecho, déjame decirte que corres un riesgo atroz: los tuyos van a podrirse en el vacío. Casi con seguridad.
Te digo esto porque la vida tiene sentido si hacemos algo con ella. Y hacer algo con la vida no significa poder comprarte cualquier cosa que desees. Que los humanos hayamos desarrollado sistemas muy complejos para convivir, defendernos o progresar, no cambia lo que somos en el fondo, no altera el instinto y la necesidad de hacer algo. De ocupar las horas del día. Somos animales que, como todos los demás, debemos actuar para sobrevivir. Actuar implica superar necesidades con trabajo e ingenio. Debemos encontrar un camino y en esa búsqueda, quemar las horas, para que las horas no nos quemen a nosotros. Eso es lo que nos mantiene cuerdos en la locura que es nacer para morir y ver morir. Es la incertidumbre del futuro, es el no tener las cosas resueltas. La vida es el espacio entre la pregunta y la respuesta. ¿Qué placer van a encontrar aquellos que solo conocen la dicha y la gula? ¿Dónde está la satisfacción de comer cuando no tienes hambre?  
Y tú, ladronazo insaciable en lo privado o en lo público, que has llenado de millones de dólares el futuro de tu estirpe, no sólo has hundido el presente de miles de personas, sino que has ahogado en mierda las preguntas y respuestas de tu descendencia. Asesinaste su urgencia por actuar.

Tal vez sea un acto de justicia. Yo prefiero creer que es simplemente una consecuencia sin misticismo de por medio.  Me alegra saber que tus nietos tendrán muchísimas más posibilidades de reventarse las neuronas con drogas que los míos. Me alegra saber que quienes hereden tu apellido y tu misteriosa fortuna no sabrán reconocer nunca el valor de nada ni de nadie. Llorarán sin saber si los aman o si los usan. Las consecuencias de tus actos no se acabarán en el escritorio de un fiscal inútil. Has abierto una puerta con muchas formas de maldiciones agazapadas. Vendiste tus generaciones al diablo. Recuerda mis palabras cuando te lleguen las noticias.
Se que adoras a tus hijos y adorarás a tus nietos. A partir de ahora deberás dormir con un ojo abierto, estoy seguro que más de uno de tus vástagos morirá con sobredosis; más de uno morirá triste sin haber sido amado sinceramente por sus amigos ni parejas; más de uno odiará su propia sangre y escupirá sobre tu tumba indigna. ¿Crees que eres un brillante genio porque salvaste a tu familia de la incomodidad de la dificultad económica? Las hambres atrasadas no se comparan en destrucción sicológica con el absurdo vacío de la “mágica” opulencia sin esfuerzo. 

Hoy te ríes y quieres más. Pero prepárate para llorar sangre por algunos de los tuyos.


Es cuestión de esperar. 

miércoles, 19 de octubre de 2016

LA CIENCIA Y DIOS



Entre la ciencia y las ideas de un dios creador hay una tendencia simplista que encuentro equivocada: No  hay  dualidad  entre  ambos. No  son  dos fenómenos ni caracteres sobre lo mismo.

La difundida creencia de que la ciencia ha matado o está matando la idea de un dios creador probablemente empezó cuando varios mitos bíblicos se fueron al traste como resultado indirecto de conclusiones científicas, pero no hay que caer en una generalización falaz. La ciencia no se opone a dios como si se tratara de su enemigo.

Cuando Charles Darwin lanzó al mundo la teoría de la evolución, empezamos despacito a entender que no siempre fuimos iguales y que un principio como el planteado en el Génesis de una pareja humana original es un hecho imposible.  Estoy seguro que a Darwin poco le importaba o motivaba despedazar un dogma como el del pecado original a cargo de esa pareja original que no pudo existir. Que la evolución demuestre que el dogma aquel que dice que un dios embarazó a una virgen de 14 años para enviar a su hijo al suicidio para limpiarnos del pecado original, no es más que una fábula  sin base ni verificación alguna, no significa que la ciencia haya aparecido para matar las ideas que tienen los seres humanos sobre un dios creador.

La ciencia ha respondido y va respondiendo cómo se hacen las cosas. La idea de dios fue la forma intelectual humana que empezó hace cinco o seis mil años atrás, para tratar de explicarse quién las hizo. Son caminos separados. No se contraponen, no son rivales, no se trata de: “o la una o el otro”.  Pero si en este avance caen como bajas no previstas algunos dogmas religiosos, ya no es culpa del investigador.

Además de no estar sobrepuestas, ni siquiera es aceptable desde la más sencilla racionalidad que tengamos solo dos opciones. ¿Por qué tenemos que conformarnos con creer en un dios cada vez que la ciencia no aclara las cosas de manera perfecta y totalmente verificada?  ¿Acaso hay que contentarse con decir “debió ser dios, o alguna inteligencia superior” cada vez que no entendemos algo?  La respuesta a qué ocurrió un segundo antes del big bang, o la explicación a la duda sobre la primera célula autoreplicante con la que arrancó la vida en la Tierra, tiene por fuerza que ser un místico y consolador  “fue dios”? No puede ser así. Me niego a conformarme con la fantasía.

Esta confusión entre ciencia y dios, incluso llevó a sectores católicos a inventarse la pseudo ciencia del “diseño inteligente”, para tratar de convertir en “científicas” varias páginas bíblicas.  Y aunque no llegaron lejos en su intento por difundirlas en las escuelas públicas de EEUU, pues en el juicio Kitzmiller contra Dover , se sentenció que el “diseño inteligente” era solo una diferente forma de presentar el creacionismo bíblico, todavía quedan personas defendiéndolo como si se tratara de la “verdadera” ciencia. Es un dogma que trata de decirte cuál es la ciencia en la que hay que creer. Ridículo por todos los flancos.

La ciencia no está para borrar a dios del mapa, pero apareció y sigue creciendo porque dios no existe. No haría falta una vacuna contra nada si con un rezo lleno de fe  pudiéramos prevenir las enfermedades de nuestros hijos. Pero dios no existe afuera de la mente del ser humano.  Y cuando reclamas su ausencia alguien te dirá que de eso se trata el libre albedrío, que luego de crearnos dios nos dejó para que actuemos por nuestra propia voluntad.

Entonces pienso en los dos infantes asesinados por su padre en Santa Elena hace algunos meses. Asumo que ellos subieron al cielo y preguntaron a dios porqué permitió que su propio padre los degollara. Y dios les tendría que haber respondido que para él lo que importa es el libre albedrío del criminal y no la vida de dos niños que no llegaron a cumplir 6 años. Pero que igual no se olviden que dios es amor.


¿Y a esta monstruosa idea de dios le atribuyen sin una pizca de duda la “inteligencia superior” atrás de la creación del Universo y del hombre?



sábado, 1 de octubre de 2016

Dante

Salir al jardín y que de ti solo quede tu nombre es de lo más triste y desalentador que he vivido en mi vida. Y dejo constancia que la muerte y los adioses no me han sido ajenos.

Han pasado casi tres meses. Confiaba que todo este dolor tendría que dejarme alguna conclusión, alguna frase a favor de ustedes, una moraleja. Algún texto que me serviría para consolarme y al mismo tiempo para defender a los seres como tú.  Nada. Nada útil ha salido de sufrir por ti.

Es que sigo en la confusión de un impacto que me da vueltas, que no se ha quedado quieto para sacarle una radiografía, no se qué decir al respecto de tu ausencia. He tenido varios instantes luminosos dentro de la cabeza pero no han durado lo suficiente como para armar una oración.  Son pequeñas explosiones de lucidez que se van casi al instante. Y no puedo decir nada sobre el dolor de tu partida. No doy con el significado de lo que pasó. 

Así que voy a contarte sobre aquello que era importante para ti. Cosas del jardín donde me esperabas, como si yo fuese alguien que merecía tu devoción:  

Los lirios crecen libres de tu goloso apetito y hemos llegado a contar siete abriéndose al sol al mismo tiempo. Mamá dice que te prefiere a ti que a todos los lirios del mundo. Mamá tiene razón en eso también.  El tarado perro del vecino sigue escandaloso y buscando pleito  protegido por la malla. Tú y yo sabíamos que no era rival para ti. Tu hijo, Facundo, te extraña. Por varios días dejó de comer y se quedó acostado muy cerca de donde te puse a dormir. Siento que le traigo tu recuerdo. Las pocas veces que he tenido ánimos para salir a tus dominios, él se acerca como tratando de llenar tu espacio, pero se deprime.  Se queda mirándome y  sospecho que cree que tu regreso depende de mi.

Ríete un poco, pese a estar esterilizado desde hace años, tu hijo le hizo el amor a Mía bajo la sombra de la acacia. Punto a favor de la testosterona familiar. No seremos abuelos, eso sí.  Valentina sigue caminando raro y Brisa vive encerrada en sus propios pensamientos. A mi me ha dolido la espalda todo el día y estamos siendo invadidos por escarabajos voladores que se rompen la trompa contra las ventanas de la cocina.

Es que las lluvias han regresado. Estarías cabreado dentro de la bodega, huraño y escondido de los truenos. El pánico te robaba tu usual elegancia y serenidad. Nunca entendí ese miedo tuyo, igual con las camaretas que este puto barrio lanza al cielo como si tuviera algo que celebrar. Supongo que tú tampoco lograbas entender mis temores. Y hablando de miedos, uno de los niños que me ayudaste a criar, empezó ya la universidad y sale de fiesta por su cuenta. Debes saber que he vuelto a no dormir.  Agonizabas mientras se graduaba. No lo viste con su smoking.

Yo te consideraba un silente sabio del bosque. Tu cara se fue haciendo blanca, tu mirada profunda, tenías respuestas en los ojos Dante. Hubo un día en que dejaste de ser un cachorro revoltoso a mi cuidado y envejeciste para convertirte en algo parecido al abuelo cariñoso y generoso que habitaba en el jardín.  Te vi envejecer pero nunca pensé que te morirías.  Eso es algo que no podrías entender de mí, por ejemplo.  Yo no puedo.

Regreso al jardín donde nos reuníamos a ser felices con poco. El cedrón por fin reaccionó luego de la poda tan inepta que le hicieron. Está hermoso y aromático. El césped va bien y desde nuestra ventana vemos la piedra tan linda y pesada que te cubre. Los pinos tarde o temprano empezarán a beber tu corazón. Yo sabré notar cuando eso ocurra. 


Con las lluvias tu mundo se está volviendo muy verde. 

Los sapos y los grillos festejan invisibles.


Y estás en todas partes blanco y dorado  Dante.


Estás en los lirios, en las tormentas, en tu hijo. 

En docenas de fotos.



Y en el sonido de tu nombre.


.

jueves, 15 de septiembre de 2016

JAMAS CONFESAR UNA INFIDELIDAD


En esto hay que ser muy serios, no se trata solamente de caer en la automática e instintiva evasión de la responsabilidad, se trata de aplicarla con fundamentos.

Si usted está siendo acusado por una infidelidad que si cometió, y le están quebrando la psiquis para reconocerlo,  le recomiendo, en primer lugar,  un análisis FODA de su situación.  ¿Cuál es la fortaleza de reconocerlo?  Seguro que ninguna. ¿Cuál es la oportunidad? Salvo que usted quiera mismo divorciarse o convertirse en un o en una paria con menos derechos que la licuadora, hágalo. ¿Cuáles son las debilidades? ¡Su futuro pues bestia!, y ¿cuáles las amenazas? Pues las amenazas van desde venganza con acto similar, pasando por un humillante y carísimo divorcio promocionado y seguidos en redes sociales, hasta la atenta visita del señor de la moto.

Tengo que serles sincero, en este caso ser sincero o sincera, no les servirá de nada. Salvo la fiscalía, nadie te rebaja la pena por aceptar la culpa. Aquello de “si me dices la verdad, te perdono” es una mentira más grande que “solo lavé unos pocos activos”.

Dejo aquí estas 6 recomendaciones que espero les lleven por el camino de la paz.

1.- La duda es tu amiga: En el fondo nadie quiere divorciarse, salvo cuando ya quiere divorciarse. Nadie quiere salir de su zona cómoda (que muchas veces es un espejismo), y creo que a todos nos gana la pereza de caer en un huracán de relajos a consecuencia de un polvo fuera de la jurisdicción hogareña.  Por esta razón, tanto la esposa como el esposo cuya testuz ha sido sembrada con cachos, desea y ansía es que el cuerno no haya sido verdad. Que haya sido una pesadilla. Y si todavía la evidencia es insuficiente, usted está en perfectas condiciones de usar la duda a su favor y negarlo todo.  La tendencia de su contraparte será creerle, no porque usted sea fiable (no sea gil), sino porque es más cómodo para todos.

2.- Escupe sobre la evidencia: Casi todo puede ser refutado: en un chat donde le escriban que “por atrás le gustó mucho más”, usted puede explicar que se trataba de un análisis arquitectónico para la ampliación de la oficina. Revisionismo histórico le llaman.   Hasta de un vídeo porno casero filmado en el motel de su preferencia se puede salir a flote, si las tomas son borrosas. Siempre trate a la evidencia con la que le acusen como a simple superchería. Búrlese de ella, aunque sea irrefutable, haga lo que los religiosos hacen cuando les hablan de la evolución, niéguela sin asco y apele a su dogma creacionista preferido.  En la parte del mundo en que nos tocó vivir todo puede ser negado, úsalo.

3.-Victimícese:  Si es mujer le resultará más fácil. “Yo no soy una puta”, puede ser su frase de apertura, repítale tres o cuatro veces y empiece a llorar y remate con un contundente: “pensé que me conocías” y con paso firme abandone la habitación (pero llévese el celular!), hacia la sala donde ubicará su mirada hacia el horizonte.  Y en el caso de ser hombre, no recomiendo mucho la victimización, porque las esposas con el tiempo desarrollan instintos de empatía para toda clase de bicho menos para el marido. Enójese, contraataque inmediatamente con alguna acusación sobre la inseguridad femenina, hágale un recuento de las noches de farra a las que renunció por ella y pregúntele si alguna vez le ha fallado como hombre (esta última pregunta es una ruleta rusa, pero hay que usar toda la artillería).  

4.- El rabo de paja: Cuando se le acuse de haber tirado, a partir de la interpretación de correos electrónicos o chats privados,  exija inmediatamente a la parte acusadora que le permita leer todos sus correos y chats. “Vas a ver cómo yo también puedo hallar frases con las cuales imaginarme que tienes un amante”.  Si su contraparte es hombre, el cojudo se quedará más frío que pésame por tuiter, y dejará las cosas ahí. Pero si su contraparte es mujer, busque ayuda profesional porque ellas sí son pilas y abren correos paralelos y borran los chats.

5.- Efecto fusible:  Si les sobra algo de lucidez el momento del impacto, y la cosa ya es insostenible, quemen un fusible usando la defensa siciliana del ajedrez, que es algo así como sacrificar un peón. “Ella es la moza del Juanito, no mía, y he tratado de salvar su matrimonio”. “Él es amante de mi prima Marjorie, no mío y he tratado de salvar su matrimonio”.  Haga la finta y convierta su calentura en un acto heroico.  Si le resulta, disfrute su triunfo en soledad.  Contraindicaciones: Prepárese para que su mujer odie con furia a su pobre y sorprendido amigo Juanito y asegúrese de que su marido no quiera tirarse a su prima que sin saberlo se ganó una inédita simpatía.

6.- Callar a tiempo: Esta es una recomendación para la parte acusadora.  Expertos señalan que una acusación de infidelidad es una traumática experiencia similar a un palazo en la nuca y cuando el cerebro se sacude, las consecuencias son impredecibles.  Lo que se recomienda para mujeres y hombres que dudan de sus parejas es caer en un largo y reflexivo silencio una vez lanzada la bomba. Insistir demasiado en la falta a la exclusividad puede hacer que el o la infiel termine entendiendo las causas y razones que le o la llevaron a otro colchón y en lugar de arrepentirse termine despidiéndose con una serenidad más imperdonable que la misma traición.