¿En qué se parecen los gatos a los condones?

Cuando la Iglesia Católica lanzó al mundo su odio a través de la Inquisición, se dedicó, entre otras cosas, a perseguir mujeres acusándolas de brujas, a quemarlas vivas en hogueras apocalípticas y a perseguir todo lo que oliera a hechicería. Los pobres gatos tal vez por sus andares misteriosos y callados de pronto tuvieron fama de ser cómplices de las supuestas brujas, así que –como la Iglesia es muy justa y reparte todo por igual- se asesinaron miles y miles de gatitos acusados de ser animales diabólicos que fungían como sacristanes de hechiceras y hechiceros.


La maldita madrastra iglesia instigó tanto el asesinato de los gatos que llegó a convertirse en un espectáculo la quema de estos animales en la noche de San Juan. Muchos historiadores creen que este odio al gato empezó cuando en el siglo XIV, el Papa Clemente terminó con la Orden de los Caballeros Templarios, culpándoles de homosexualidad y de adorar al demonio en forma de gato. Papas homofóbicos han sido todos (y maricones algunos) pero que en la misma perversidad jodan a un animal, ya es el colmo. Las matanzas de gatos fueron de tal magnitud que por poco se extinguen de Europa.


Al mismo tiempo –porque la venganza es saludable- las ratas portaban con inigualable eficacia la peste bubónica o peste negra en un vacilo llamado Yersinia Pestis. Y como no había gatos gracias a la infalibilidad cerebral de la iglesia, las ratas se multiplicaron sin control, llegando a convertirse en una plaga a lo bestia que solo se detuvo cuando la enfermedad se cansó de matar gente. Para colmo de males ningún papa se murió con peste negra, ni tampoco ningún cura de alto rango del que se tenga noticia.


La peste bubónica infectaba a los humanos mediante un procedimiento muy simple: las pulgas de las ratas saltaban a las personas llevando sus aguijones infectados con sangre de ratas enfermas. Las pulgas por cierto no se morían, solo eran los correos. Pero cuando una persona las aplastaba con sus uñas, entonces ahí si morían destrozadas, como se morían los acusado por la inquisición en los potros de tortura.


La Peste Negra de 1348, azoló Europa durante tres años aproximadamente, mató a la cuarta parte de la población del continente, tanto como 25 millones de los 100 que por ese entonces habitaban el continente. Algo así como que ahora mueran en tres años unos 200 millones de europeos tratando de sanar frotándose una foto de George Bush o del Papa Juan Pablo II, ilustre santo súbito.


Por otro lado y aquí voy a ser más corto, la Iglesia Católica prohíbe con amenazas, gritos, plegarias y lagrimeos purpurados el uso del condón. Solo porque no es negocio se han abstenido de organizar hogueras para quemar condones crucificados en plátanos de madera.


El SIDA está matando millones de personas, y la gran mayoría de los enfermos han sido infectados en una relación sexual sin protección. Madres, bebés, hombres, por cientos y miles se infectan mensualmente para morir asquerosamente solos. El uso del condón evitaría millones de muertes, pero la Iglesia prefiere prohibirlo con la misma estulticia con la que ordenó quemar gatos vivos hace algunos siglos. Y así nos seguirá jodiendo mucho más de lo que ha jodido el diablo, como pérfida cotorra embutida de su propia perversidad de todos los siglos y por los siglos. Y amén.



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