EL 007 CRIOLLO (CUENTO CINEMATOGRAFICO)

Seguí un curso de espía en el Internet y luego me inscribí en la página web de compras públicas del gobierno en la categoría de especialista en investigaciones y/o agente secreto. Luego salí a revender entradas en el estadio para vivir de algo hasta que mi nueva profesión me diera de comer. Como jugaban el Quito contra el ESPOLI no vendí un carajo.

Disolví las entradas en salsa de tomate y cené mirando televisión esperando que den alguna película de lluchas. En un flash informativo contaban que se habían robado la otra Custodia de Riobamba y que unos curas cabreadísimos les iban a excomulgar a los delincuentes. Esa noche soñé en los ladrones llorando arrepentidos porque no podrían comulgar.

Dos días después recibí una llamada de un señor que se identificó como el licenciado Ruilova. Quería que fuera a su despacho en la gobernación de Chimborazo para encargarme un trabajo puesto que me había encontrado registrado en el sistema de compras públicas y que se había impresionado con mi hoja de vida. Me cagó el man porque no tenía ni para el pasaje a Riobamba, cosa que no le supe manifestar porque iba a quedar como insolvente.

Valiente y decidido que soy jalé dedo hacia el sur de Quito. En dos camiones me llevaron, uno hasta Salcedo con un chévere conductor que me brindó un helado de sabores y pinol, y el otro desde ahí directo hasta Riobamba. Cuando cruzábamos por Ambato observé unas ambateñas.

Lo único que tuve que hacer es llegar al parque central, porque de ley ahí iba a encontrar la Gobernación, ya que siempre en el parque central están la Gobernación, la iglesia, el municipio y un carro de hot dogs. Entré y pregunté por el licenciado Ruilova a un viejo medio flaco y cara seca que estaba en la puerta. Él mismo había sido. Me recibió contento y me encargó el caso más inesperado de mi vida.

-Quiero que encuentre la Custodia que se nos robaron, que era la ultimita que quedaba porque ya nos robaron la otra y le derritieron.

-¡Bien hechos! Creo estimado licenciado Ruilova que una custodia de oro, repleta de piedras preciosas vale mucho menos que la vida de un niño que muere en brazos su madre por falta de plata. Estoy seguro que el orfebre que la hizo recibió un pan tieso y una bendición solemne de algún cura bien comido.

-Vea cojudo, me contestó, a mí me importa un carajo lo que opine, pero me encargaron contratar a alguien para demostrar la acción pública frente a este execrable delito, ya estoy atrasado en las gestiones por culpa de este nuevo sistema de contratación pública, así que si quiere el trabajo bien y sino hasta luego.

Entonces recordé que para algo había estudiado en las computadoras de varios café nets, y además recordé que tiempos que no comía a excepción del helado en Salcedo y la media libra de pinol. Así que acepté el trabajito guardándome mis creencias bien adentro y prometiendo éxitos en mi tarea.

Cuando acepté, el licenciado Ruilova cambió el genio y me invitó a almorzar muy amablemente. Charlamos largo y resultó que era un fanático de las películas de James Bond. Dijo que deseaba convertirme en el James Bond ecuatoriano. Que él sería mi mentor porque había sido pesquisa de la Intendencia antes de convertirse en jefe administrativo de la gobernación. Me explicó que ahora si había presupuesto suficiente para inversiones de esta índole y que se sentía confiado de nuestra victoria sobre los sacrílegos. Al inicio me limité a seguirle la corriente pero lentamente me fui convenciendo. Sería como James Bond. Firmé todos los contratos y prometí lealtad y profesionalismo más allá del deber.

Nos citamos para esa misma noche. Me dijo que tendría listo un adelanto y mis herramientas de trabajo. Llegué a la gobernación a las diecinueve horas en punto. Él ya me estaba esperando.

-¿Sabes quién es el Q?, preguntó.

-Ni idea, le dije

-Es el veterano que le entrega al James Bond un maletín lleno de artefactos especiales para cumplir con su misión. Yo voy a ser como el Q y a vos te voy a decir INEN A-4.

-Porqué, le pregunté.

-Por que el papel bond a veces es INEN A-4 pues, y se rió el pendejo.

Yo me hice el que me reía también por cuanto el licenciado Ruilova era mi jefe y además ahora era mi Q.

Agarró un maletín negro de cuero y lo puso sobre su escritorio. Solemnemente me dijo que ahí estaba todo lo que yo necesitaría para lograr lo que quisiera dentro del país. Lo abrió y metió la mano. Empezó a sacar fajos de billetes de veinte sostenidos por ligas.

-En total aquí tienes ciento veinte mil dólares. Cuéntalos si quieres. Toma el recibo para que lo firmes y yo hacer el descargo. Esto es todo lo que necesitas para lograr lo que necesitas, repitió.

-Oiga, ¿no tiene miedo de que me los robe?, le pregunté sintiendo una rara forma de erección y frío estomacal.

-Si, claro, para esa posibilidad tengo un garante solitario.

-Solidario será.

-No, solitario, es un infalible tipo que te va a seguir a todo lado y que trabaja por su cuenta. Si llega a pensar que te empiezas a desviar con el billete, digamos que a Panamá, te mete un tiro.

Entendí perfectamente lo delicado de mi misión y salí a buscar un hotelito dónde pasar la noche. Las noches en Riobamba son iguales que las de Quito, solo que un poco más frías. Conseguí un hotel bastante bueno a pocas cuadras de la oficina del licenciado Ruilova. Mientras caminaba rezaba para que no me asalten, y sentí muy cerca pasos sospechosos.

Súbitamente di la vuelta y encaré gritando. ¿Qué chuchas quieres?

-Tranquilo, tranquilo, soy el garante solitario nomás.

-Ah, ya.

El garante solitario tomó una habitación en el mismo hotel. Lo escuché caminar y acomodarse mientras miraba el maletín con ese platal y sin tener puta idea de qué iba a hacer para cumplir con el contrato que había firmado con la Gobernación. Prendí la tele y en las noticias la alarma por el robo era ya un escándalo. Periodistas entrevistaban a curas, a guardias, a monjas y a expertos en seguridad. Todos hacían hincapié en la bestialidad que significaba que les robasen por segunda vez. No faltó el cura cretino que dijo que debería tomarse este segundo robo como un ejemplo de cómo poner la otra mejilla. Mis conocimientos de investigador comenzaron a aflorar y me metí la cama abrazado al maletín. El primer sospechoso fue aquel cura que habló de poner la otra mejilla. Nadie puede ser tan bruto. Caí rendido con el olor del cuero del maletín inundando la oscuridad de mi habitación.

Desperté y pasé todo el día encerrado analizando el caso. Hice una lista de posibilidades, comí como un cerdo pidiendo varis veces servicio a la habitación. Definitivamente los objetos del maletín eran de una gran eficiencia. Tipo seis de la tarde salí y pregunté a la señorita de la recepción dónde podría encontrar al padre de las declaraciones sospechosas.

-¿Cómo se llama el que ayer declaró estupideces en la tele, mijita?

-El Vallejo.

-No el de las doras, sino el curita que habló de la Custodia robada y que dijo que era como poner la otra mejilla o algo así.

-Por eso pues, el padre Vallejo.

Escribió la dirección del cura en un papel. Salí con el maletín en la mano y conseguí un taxista que se ofreció a ser mi chofer y guía. A él también le pregunté cosas de la Custodia ocultándole mi verdadera identidad de espía secreto INEN A-4. Para él la cosa estaba clara gracias a un rumor.

-Los mismos curitas la vendieron porque están sin plata, mi don. Esos manes perdieron un platal en la pirámide financiera esa que se cayó y estaba cagados, dijo totalmente convencido y fuertemente agarrado del volante de su taxi. Le exigí acelerar al máximo y volábamos a toda madre cuando un policía de tránsito nos detuvo. Abrí el maletín y le entregué tres billetes de veinte con la seguridad de Sean Connery.

Sentí que estaba cerca. El corazón me saltaba hacia la garganta y contaba los segundos para caerle encima al padre Vallejo.

Llegamos. Atrás del taxi se detuvo otro taxi desde donde me hizo amistosas señas el garante solitario. Giré sobre mis tacos y timbré en la casa del padre Vallejo.

-Mi tío no está- dijo una muchacha pálida y hermosa. Tenía tanto fuego en su mirada que se le habían quemado las pestañas.

-Soy asesor de la firma Exponencial y deseamos acercarnos a la sagrada institución para ayudarlos con sus problemas financieros.- mentí.

-Déjeme ver si ya llegó sin que yo le haya visto, me mintió ella.

Cuando se alejaba por un corredor pude notar que poseía un contundente y agresivo par de nalgas. Sujeté el maletín con mucho aprecio. Regresó y me invitó a pasar. El padre Vallejo esperaba sentado en un sillón grandote. Saludó con afecto y empezamos a charlar.

El maldito era una tumba. No le pude sacar nada útil. Como esas conductas poco generosas y abiertas son de familia supe además que con la sobrina no tendría chance de nada. Esa misma noche me fui de putas. Abrí mi maletín y contraté la que sería mi primera chica Bond. Cuando bajábamos del cuartito reconocí en el escenario a la sobrina del cura.

Esperé ansioso que terminase su show, sentado en una silla y abrazado al maletín mágico. Me enamoré de la sobrina del cura como jamás me había enamorado de ninguna otra sobrina de cura. Descubrió que estaba viéndole las tetas, pero supuse que no se habría ofendido porque para eso estaban.

-Cuidado INEN A-4- me dijo súbitamente el garante solitario. Casi me mata del susto el maldito. No me dio tiempo a responderle y se perdió en la oscuridad del antro. Diez minutos después subía con la sobrina del cura a otra habitación. Nos relatamos nuestras vidas como un par de mellizos que se encuentran treinta años después de haberse separado. Cada media hora un pendejo nos golpeaba en la puerta y yo le daba billetes. Llegó el amanecer. En resumen puedo decir que ella no era puta sino solo bailarina, que sufría por tener que desvestirse pero que no tenía otra opción porque estaba ahorrando para la universidad y que no tenía trabajo. Que su tío era un buen hombre y que no pensaba que fuera ladrón sino solamente muy pendejo por decir lo de la otra mejilla. No tuvimos relaciones sexuales. Pese al entorno sórdido lo nuestro tenía la ternura de Alvarito hincado rogándole al dólar ganar las elecciones.

Decidimos desaparecer, pero debía librarme del garante solitario. Ese desgraciado nos acecharía y no estaba dispuesto a permitir que nuestro amor sea perseguido por la Contraloría General del Estado. Pensé en todas las formas de evasión y escape que aprendí en el curso de espía. Recordé las palabras del licenciado Ruilova, alias Q. Recordé sus palabras premonitorias: “en el maletín estaba todo lo que yo necesitaría para lograr lo que quisiera dentro del país”.

Abrí la puerta de la habitación y el garante solitario cabeceaba neciamente sobre una butaca. Alcanzó a mirarme y le indiqué que subiera. Entró mientras ella se bañaba para viajar conmigo oliendo a jabón de rosas. Abrí el maletín y le entregué cuarenta mil dólares.

-No me jodas pana, mejor seamos amigos, porque yo me largo a ser feliz con esta mujer. ¿Ok? Ya mismo hay otro relajo y nadie se va acordar de la Custodia.

Lo pensó cinco segundos. -Que te vaya bien-, me dijo. Debí haberle ofrecido menos plata.

Hace dos días llegamos a esta playa cerca de Lima. Yadira y yo compramos un auto y llegamos por la Panamericana. Al fondo del maletín, debajo de los fajos de billetes desnudos en la cama del hotel descubrimos un esfero big, un celular con dos tarjetas de prepago de 10 dólares, un SOAT endosable, un cepillo de dientes, un folleto de la gripe porcina, como parte del equipo de Q.

Y también una cédula del Gustavo Larrea.

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