JESUS Y EL DÓLAR


(www.rafaellugo.com)

Sabemos lo que se cree sobre Jesús. Y más allá de que su historia sea verdadera, falsa, inexacta, exagerada o minimizada, su imagen sirvió para que la gente con necesidad de tener un dios o una bandera lo acogiera como tal. 
Seguir a Jesús no fue nunca una mala idea. Seguir a la iglesia casi siempre. Pero todo aquel que quiso emular al buen hijo de un carpintero tuvo una vida respetable. La necesidad de tener una bandera, una creencia, una religión estaba muy bien servida con él.  Creer en algo es absolutamente cómodo. Creer en algo ajeno y, ojalá, superior a nosotros es casi siempre una suprema necesidad.
 Si algún cuarentón que creyó en el Ché Guevara lee este artículo sabrá entenderme mejor de lo que me estoy explicando.  Varios me han dicho que hasta el amor y el sexo dependían de la filiación ideológica. Comerse un(a) “compañero(a) combatiente” era un ritual tan sublime para ellos, como para un practicante católico pegarse una hostia. La seguridad a veces depende de creer en una utopía. O de tener una utopía en la cual creer.
 Supongo que uno de los más grandes errores de los curas fue asociar a Jesús con ese enfermo delirio del infierno, el diablo, el pecado, Adán y Eva, la culpa, etc.   Porque hoy sabemos que evolucionamos y que no somos hijos de Adán ni de Eva,   el diablo solo es el manager de grupos de rock poco originales, casi todos los pecados son deliciosos de cometer y tal vez por eso casi nadie siente culpa. Ya sin culpa, un salvador de la buenas maneras de Jesús es tan necesario como un pagar a un neurólogo para que te de un finalín.

Hoy creemos en el dólar. El dólar es nuestra bandera, nuestro momento sublime. El euro es lo mismo. Ambos son como Júpiter y Zeus para los romanos y los griegos. El realismo de hoy no tiene vuelta atrás porque crecimos durante siglos asustados por cuentos y fábulas. La ciencia mandó para el carajo los milagros: el pitosín ayuda en un parto mucho más que San Ignacio de Loyola y para conseguir marido en lugar de San Antonio mejor resulta embarazarse.  Jesús vuelve a convertirse en un tema borroso y poco utilitario pues para comprar medicinas se necesitan dólares y para que un matrimonio no se convierta en un bar swinger, también. Hoy somos resultadistas, facilistas, prácticos y pragmáticos: ¿Quién nos da el pan de cada día? ¿Gracias a quién es más fácil que perdonen nuestras ofensas? ¿Quién nos permite caer en tentación y pagar la factura? ¿Quién nos libra del mal? 
 El dios de hoy es el billete, y las consecuencias de seguir a esta nueva y única deidad están a la vista y en los titulares. En el nombre del dólar, del euro y del yen. Amén. 
JESUS Y EL DÓLAR JESUS Y EL DÓLAR Reviewed by S O S on 10:42 Rating: 5

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