BAJO LA CAMPANA DE LA PAZ #el8alascalles

7 marzo.

Carlos Andrés: Loco vas mañana?
Yo: No creo pana, no me gusta ser parte de ningún grupo, aunque el grupo esté en lo correcto.
Carlos Andrés: Yo tampoco, pero vamos, va a ser muy divertido.
Yo: Eso me llama la atención, si voy, será porque me convenciste tú.

8 marzo, en la mañana (día de la mujer).

Esposa: Hoy ni te asomes antes de las ocho de la noche por la casa, porque tendré reunión con mis amigas.
Yo: Lo que usté diga Su Alteza.

8 de marzo, al medio día.

Canción en la radio bufando “no pasarán…etc, etc.”  Tuits  y hasta un avatar: #NoPasarán.

Yo soy quiteño, me gusta hablar con mis amigos, en mi casa hago todo lo que yo obedezco, y además soy resabiado. Si un amigo me invita a reunirme con él y con otras personas que estimo, encantado. Cuando mi mujer me da franco, me aprovecho, y si un político que ahora está colgado de la super teta porque hace seis años no hizo perro caso al “NO PASARÁN” del Lucio, ahora sale con la estulticia de decir  #NoPasarán, me cabreo el doble. El doblefff.

Diez para la cinco tomé un taxi, “lléveme a la Campana de la Paz en la Carolina por favor”. “Eso creo que está por la Cruz del Papa”, me dijo. “No sé, si usted lo dice jefe, dele nomás”, y recordé que esa campana de la Paz, donada por los japoneses, a los pocos días de haber sido instalada, fue robada. Luego la encontraron. Ya no la han vuelto a robar. Llegamos a la cruz del papa. A simple vista no había nada así que el señor taxista supo dejarme más al norte del Centro de Exposiciones Quito.  

Encontré un partido de fútbol, los anaranjados contra los amarillos. Nada de gente colgada de sus teléfonos. “Chucha, no hay ni un gato”, medité. Llamé al teléfono a @polificcion. No contestó. Llamé a @xavoviz. Contestó y me explicó entre burlas que estaba muy lejos de la campana. “Chucha -volví a meditar- el taxista era troll”.  Me fui caminando por el parque. Qué lindos son los árboles. Un pareja se punteaba contra las mallas traseras del Centro de Exposiciones Quito.  Pero en serio, qué lindos son los árboles.

@polificcion me devolvió la llamada. Le expliqué que estaba perdido. Él también se  burló. “Voy a tocar la campana y llega guiándote por el sonido”. Colgamos riendo.  Seguí caminando. Nadie me asaltó. Hasta que encontré la bendita campana de la paz. Y a su alrededor no había cuatro gatos. ¡Habían trece! “Desestabilización en camino”, me dije.

Gente pintaba en cartulinas sus tuits de carne y hueso. Una chica repartía más cartulinas con el “pajarito feisbug” del andino del Andino,  dibujado en azul para que otros hagamos lo propio. Pasaban los minutos y se sumaban personas. Una pareja con un bebé dormido en brazos, un señor de avanzada edad y enorme dignidad con  su familia, más tuiteros, camarógrafos, fotógrafos, periodistas. Un ñaño de pierna, por ahí, jóvenes que llegaban caminando y analizando lo que ocurría. Un admirado periodista perseguido por allá. De pronto, se acerca un tipo de rostro diáfano: “Hola Rafael, soy Iván Stalyn”. Abrazo de gol correspondiente. Más tarde lo mismo ocurrió con @jotacelira, Andrés Vergara y Andrés Segovia. Desvirtualización magnífica. Hacía frío, “nunca tan pocos, se cagaron de frío, tan temprano”, se me ocurrió decir en voz alta.  Hubo risas. Ninguno de los presentes dependemos de la popularidad para existir. Es parte de ser libre. Se es más feliz de ese modo, me parece. Saludé con algunos amigos de antes de la vida tuitera.

Conocí una pareja con sus hijos adolecentes. “Hemos venido de Santo Domingo, solo para esta reunión”.  Nos tomamos una foto cuando ya la tarde oscurecía.

El sentimiento que flotaba era de alegría. No vi rostros de odio, de revancha, ni de persecución. Ni siquiera en los rostros de unos tres flacos que desde atrás de un árbol nos tomaban fotos al estilo espía ultra que secreto.  Pegamos los tuits en la pared del monumento. Policías dieron vueltas en actitud policial. Una chica les regaló chocolates. Se fueron.

La mayoría de tuits, sino todos, apuntaban al abuso del poder, a la violencia del @MashiRafael y a la narco valija.  Nunca vi una reunión de preocupaciones tan legítimas. Ni tampoco un pedido de paz, con tanta alegría, sencillez y transparencia. La belleza de una flor queriendo detener a un humeante tren descarrilado,  es sin duda inocente, pero es un acto hermoso. Desprovisto de odio. Revolucionario en el buen sentido.

En algún momento me sentí tenso cuando un grupo de un partido político se acercó. Le di un cariñoso abrazo a mi amigo Fabricio Villamar. Nos regalaron un par de “narco valijas” de juguete y siguieron su camino.  Hubo otros saludos. Pero mejor que se fueron. La reunión de tuiteros es y ojalá siga siendo ciudadana.  

Bajo esos eucaliptos enormes y aburridos de tanta humanidad que han presenciado,  no vi rostros con hambre, no vi cuerpos desnutridos, no vi analfabetos funcionales, ni a nadie dispuesto a aplaudir y viajar cientos de kilómetros por un sánduche, un vaso de cola y alguna propina. Esto es importante, pues aunque en el Ecuador hayan más de medio millón de cuentas de tuiter, el Ecuador urgente obviamente no es el que está en el tuiter.  

Pero tener el estómago lleno, y ciertas comodidades o certezas, no nos convierte en personas sin derecho a hablar. No queremos quitarle nada a nadie. Los tuiteros presentes no queremos votos.  Opinar, reclamar, proponer, no implica ser candidato, buscar el poder, ni nada de eso. Queremos respeto y honestidad. Queremos coherencia. Mucha coherencia.

A las siete recibí un mensaje de Su Alteza. Dos fundas de papa chola, un paquete de pañales, arena para los gatos, comida para los perros,…etc.  Obediente me fui de compras. El resto se fueron a la Cancillería.  Eso debió haber sido igual de lindo, sin duda.  Hasta más emotivo y emocionante.

Envuelto de oscuridad y frío, dejé atrás a personas cálidas y luminosas. Como resultado de una tarde fantástica tengo algunos tuits que germinaron entre la despedida y este momento:

No queremos quitarle el bono a la gente pobre, pedimos equilibrio de poderes.

Alguna vez el Mashi estuvo solo, y valía tanto como persona como ahora que tiene el “80%”.

Sin odio se pueden hacer mejores hospitales.

Respetando se puede alcanzar el “90%”. Inédita popularidad. Y sin Santiago Pérez.

Patiño le hace más daño al gobierno, que a la imagen internacional del país.

La diferencia entre las marchas “voluntarias” de hoy a las del Lucio, es q hoy si les dan el sánduche.

Por falta de uso, vendo discomóvil. Favor RT
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