Los caballos y Tolkien


"Y Oromë, domador de bestias, también cabalgaba de vez en cuando por la oscuridad de los bosques; llegaba como poderoso cazador, con el arco y las flechas, persiguiendo a muerte a los monstruos y criaturas salvajes del reino de Melkor, y su caballo blanco Nahar, brillaba como plata en las sombras. Entonces la tierra adormecida temblaba con el repiqueteo de los cascos dorados, y en el crepúsculo matinal del mundo Oromë hacía sonar el gran cuerno, el Valaróma, sobre los llanos de Arda; las montañas le respondían con ecos prolongados, y las sombras del mal huían, y el mismo Melkor se encogía en Utumno anticipando la cólera por venir."
El Silmarillion. 


El magnífico Tolkien,  que inventó el universo de la Tierra Media, afirmó haber trasladado sus dolorosos recuerdos de la Primera Guerra Mundial.  El joven soldado  caminó rodeado de cadáveres luego de la Batalla de Somme, de ahí la terrible Ciénegas de los Muertos. También afirmó haber tratado de recrear el valor de los soldados ingleses, sus compañeros de trincheras,  en el fiel y combativo Sam Gamgee.

Hay tal profusión de elementos e historias en sus libros, que no se precisa ser un clarividente para suponer otras y variadas influencias recibidas en sus viajes por Europa. No podemos olvidar su amargura ante las creciente industria metalúrgica que fue devorando bosques milenarios para dejar humaredas negras cubriendo todo lo que los ojos alcanzaban a mirar.  Tolkien era un tipo con un pie en sus historias imaginarias y otro, posiblemente más hundido, en la realidad.

No soy un biógrafo suyo (por si hiciera falta la aclaración), pero lo imagino caminando en los campos españoles maravillándose con los caballos de esas zonas y por si esto no ocurrió, en la página buscabiografías.com nos cuentan que John Ronald Reuel Tolkien  y su hermano menor, al quedar huérfanos de padre y madre, fueron puestos al cuidado de un  sacerdote mitad español y mitad galés llamado Francis Morgan. ¿Por qué no pensar que aquel curita mitad español le llenó la cabeza con relatos de los incomparables caballos de pura raza española? 

He llegado a pensar en esto porque el tamaño, velocidad, hermosura y nobleza de sus personajes equinos parecen reflejados en los caballos de pura raza española. 

Tolkien fue pródigo en crear idiomas, escenarios y personajes, y  entre ellos, varios caballos con su propia mitología y personalidad aparecen en sus libros, no como simples pretextos o medios de transporte, sino como compañeros amados, como elementos importantes en las tramas, como salvadores.

Usó el idioma rohirrim para contarnos de los mearas. La raza poderosa de caballos  que pertenecían a los hombres del reino de Rohan. Según algunos esta raza descendía del legendario Felaróf, inusual caballo blanco que fuera domado por Eorl el Joven, después de que su padre Leod muriera intentando montarlo. 

De esta raza provienen famosos corceles como Asfaloth,   el caballo de Glorfindel que llevó a Frodo salvándolo de los Nazgûl hasta Rivendel.  Shadowfax el precioso caballo blanco que sirve a Gandalf es otro –y acaso- el más famoso hijo de los  Meara.

Mucho antes de estos, en el Silmarillion que es la obra donde se reúnen las historias que preceden en miles de años a los días de Frodo o Aragorn, Tolkien nos habló  de Naharel caballo del poderoso  cazador de monstruos Oromë.  Nahar era blanco al sol y de plata lustrosa en la noche. Algunos decían que podía hablar el idioma de los hombres y como buen semidiós, dejó preñadas a muchas yeguas mortales.  Su primer hijo en la Tierra Media, podría ser Felaróf, a quien se conoce como el padre de los Mearas.

También conocemos a Rochallor,  el Caballo de Fingolin. En lengua sindarin Roch significa caballo. Rochallor, de quien se dice tenía el color del oro –lo que hoy sería un bayo- llevó sobre su lomo a su señor hacia la entrada de Angband, a la batalla contra  Morgoth.

Snowmane, hijo de otro famoso meara llamado Lightfoot, fue el caballo de Théoden, rey de Rohan. Théoden y Snowmane murieron juntos en la batalla de los Campos del Pelennor.  En la tumba de Snowmane el pasto crece más verde todavía y en una roca que la cubre puede leerse: 

"Faithful servant yet master's bane,
Lightfoot's foal, swift Snowmane"

El castaño Roheryn era el caballo de Aragorn,  se dice que fue un regalo de la dama Arwen, durante la Guerra del Anillo, pero antes de que este precioso obsequio llegara, Éomer prestó a Aragorn el gris Hasufel cuando este quedara sin amo muerto en batalla.  Éomer, por su parte cabalgaba en Firefoot, no solo durante el apurado trayecto entre Edoras y el Abismo de Helm, sino para cargar potente en toda batalla sin temor a enemigo alguno.

Arod era otro caballo de Rohan. Conocido por habérsele entregado a Legolas cuando su jinete murió a manos de los orcos cerca de Fargorn. Arod sirvió también con toda su fuerza y velocidad para cargar al enano Gimli junto al elfo.

Windfola fue el corcel gris de los Rohirrim a cargo de llevar a Éowyn (quien a su vez llevó al hobitt  Meriadoc Brandigamo) hacia la batalla  en los Campos del Pelennor.   Este caballo enloqueció de terror ante la presencia del Señor de los Nazgûl, tiró sus jinetes, y huyó despavorido. Pasa hasta en las mejores familias. 

Hay otros nombres e historias de otros caballos en su obra enorme. Una manada con estirpes que se esconden atrás de cientos de años y páginas.

Para Tolkien, así como para quienes leímos sus obras, estaba claro que los caballos merecen descripciones poéticas que nos llevan a pensar en seres divinos del bosque y los campos: sean castaños, blancos, negros, grises, y bayos. Poca duda tengo de que el gran escritor conoció y amó a más de un caballo de Pura Raza Española.  Si para el horrendo Sauron fueron monstruos sus aliados, para los hombres fueron caballos.  Tolkien puso sabiduría en los árboles, belleza en los corceles y egoísmo en el corazón del hombre enloquecido por el poder. No se equivocó.




Y ahora que tengo su amable e hípica atención, no dejen de ir a la Feria del Caballo de Pura Raza Española que se ofrecerá en el Club El Condado de Quito el sábado 5 y el domingo 6 de marzo, a partir de las 9:00 de la mañana. Cerca de  cien ejemplares de los mejores criaderos del Ecuador serán exhibidos en el transcurso de  estos dos días.  Posiblemente algunos de ellos desciendan de aquellas manadas de crines al viento que cruzaron galopando cerca de los muros de las ciudades inventadas por Tolkien. Acaso alguno entienda el idioma de los hombres y al igual que Nahar, prefiera sabiamente observarnos en silencio. 
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